Victima o Responsable

 

Víctima o Responsable
Por Dr. Damian Goldvarg
Parte de estar vivo requiere enfrentar desafíos que encontramos a diario en diferentes ámbitos de nuestras vidas: en el trabajo con compañeros que compiten o que no tienen en cuenta nuestras necesidades, en las relaciones con nuestros seres queridos y no tan queridos, en nuestro cuerpo y salud, en manejar frente a un tráfico impaciente, etc. La situación inmigratoria,  dificultades para entender inglés, soledad, u otras cuestiones pueden hacernos sentir mal y disminuir nuestra satisfacción en la vida. Las fuentes de estrés son distintas para cada uno de nosotros. Pero todos estamos expuestos a desafíos y problemas potenciales. Ante cada problema, ante cada situación estresante podemos tomar dos posturas: podemos enfocarnos en lo que nos hacen los otros o en cuál es nuestra parte en el problema o situación. No solo en la causa, en el origen pero también en su resolución. En este artículo exploraré diferentes formas de vivir nuestras vidas cuando enfrentamos problemas como víctimas o como responsables.

Empecemos definiendo que significa ser víctima. Cuando alguien se queja por lo que los demás le hacen es muy común escuchar que le digan a la persona, “no te hagas la víctima”, queriendo decir no te hagas tener lástima, que los demás piensen “Pobrecito!”. Hacerse la víctima significa culpar a los demás por nuestra experiencia: si no fuera por mis padres que no me entienden, por mi pareja que no me escucha, por este país que discrimina a los extranjeros, por esta ciudad superficial que no permite hacer amigos, por mi vecino que pone la música tan fuerte, por mi jefe que tiene mal genio, por mi auto que se descompone todos los meses…Si no fuera por ellos o eso,  todo estaría bien. Alguien te hizo algo y eso te quita la paz interior. También puede ser que estés enojado con otras personas o con la vida misma. Quizás sea algo que pasó hace mucho tiempo, que no has podido olvidar y que es un obstáculo en tu vida para desarrollar relaciones saludables. Son asuntos incompletos que no te permiten estar presente a tu realidad actual. El problema es que esta forma de pensar nos quita poder. Porque mientras el otro sea el que nos hace algo, probablemente sintamos que no tenemos oportunidades para tomar acción y conseguir los resultados que queremos. Dependemos de los otros para ser felices. O pensamos que el daño que hemos sufrido es irreparable y que estamos condenados a vivir el resto de nuestra vida con ese sufrimiento, con un rencor  que le quita satisfacción a nuestra vida. Si sufrimos las consecuencias de los comportamientos injustos de los otros y no vemos nuestra parte en el asunto, estamos siendo parte del problema, pero no de la solución.

Otra posibilidad al enfrentar los desafíos es tener una actitud responsable. Hay muchas cosas que no puedo hacer o cambiar. El pasado no puedo cambiarlo. Que cierta gente sea de cierta forma, no puedo cambiarlo. Quizás alguien que nos hizo algo se murió y se llevo consigo a su tumba mi posibilidad de venganza pero también de reparación.  Si lo único que puedo cambiar es mi actitud. ¿Qué voy a hacer al respecto? Me quedo en la queja o tomo acción. ¿Cuáles son las cosas que sí puedo hacer? Casi siempre nos enfocamos en lo que no podemos cambiar y no prestamos atención y energía a las cosas que sí podemos hacer. A veces es necesario perdonarnos a nosotros y a otros para alcanzar esa paz espiritual.  Otras veces se puede salir del lugar de víctima solamente observando la realidad desde un punto de vista diferente y analizando que otras posibles interpretaciones podemos darle a los hechos.   Piensa en una situación en la que sientas que alguien te hizo algo injusto. ¿Qué decisiones tomaste al respecto? ¿Hay una posibilidad de que cambies esa decisión por otra?  Esta historia de víctima quizás te haya servido para algo y como consecuencia estés muy apegado a tu historia. Quizás tu ser está definido por estas experiencias. Y aquí es dónde quiero poner énfasis. Todos podemos elegir como vivir nuestra vida. ¿Queremos ser víctimas o responsables? ¿Queremos ser autores de nuestras vidas o adoptar la idea de que las cosas nos pasan y los otros nos hacen cosas que no podemos evitar y por lo tanto no estamos a cargo de nuestra propia vida?

El ser víctima puede ser una buena excusa para no hacer lo que queremos hacer o tenemos miedo de hacer. Es más fácil encontrar razones sobre por qué son las cosas como son que buscar lo que está dentro de nuestras posibilidades para que sean mejor. Puede existir algún tipo de ganancia con esta postura de víctima. ¿Puedes ver como en realidad te estás engañando a ti mismo?  La posibilidad de alcanzar tus sueños está muy relacionada con esto. Si  eres una víctima es muy difícil que alcances tus objetivos, puesto que siempre va a existir alguien que te pueda poner un obstáculo. Cuando te sientes responsable, tu actitud hacia la vida es distinta. Sientes que tienes poder para producir resultados independientemente de lo que suceda. Estás comprometido a examinar posibilidades para hacer de cada desafío un peldaño más para conservar tu bienestar físico y emocional.

Escuchar comprometidamente para enriquecer nuestras relaciones

Por Damian Goldvarg
 
La dificultad para escuchar a los otros es una de las causas principales para la disolución de parejas, relaciones familiares y laborales.  En este artículo analizaremos los elementos de una escucha comprometida para poder desarrollar relaciones extraordinarias. Partimos de la premisa que para comunicarnos efectivamente es más importante escuchar que hablar. Aunque toda nuestra vida nos hayamos enfocado en el expresar nuestras ideas apropiadamente para asegurarnos que los otros entendían nuestro punto de vista, nuestra escucha es realmente la clave para comunicarnos efectivamente. Lo que escuchamos puede abrir o cerrar posibilidades en nuestras vidas. Podemos diferenciar el oír (puramente biológico) del escuchar, en el que agregamos el factor de demostrar entendimiento, es decir interpretar el mensaje. Por lo general no dedicamos mucho tiempo a entender este proceso de interpretación. El problema es que lo que se dice no es necesariamente lo que se escucha. Rafael Echeverria en su libro Ontología del Lenguaje dice: “Nosotros decimos lo que decimos y los demás escuchan lo que escuchan, decir y escuchar son fenómenos diferentes”.  Esto implica que hasta que no nos cercioramos que el otro interpretó nuestro mensaje de la misma manera que nosotros queríamos, no estamos seguros que nos hayan entendido. De la misma manera, hasta que no chequeamos que interpretamos lo que nos dijeron apropiadamente,  no podemos estar seguros que entendimos.  En investigaciones sobre comunicación,  se ha demostrado que cuándo se le pregunta a la gente si creen que escuchan bien, la mayoría contesta que sí, pero cuándo se les pregunta si creen que los demás los escuchan bien a ellos, la mayoría responde que no!
Lamentablemente, no dedicamos suficiente tiempo a corroborar entendimiento (tanto como de lo que dijimos como de lo que nos dijeron) y como resultado nuestras relaciones sufren y podemos perder posibilidades interesantes de desarrollar, mejorar o enmendar relaciones. El explorar las intenciones del otro en sus mensajes puede hacer una diferencia muy grande cuando nos comunicamos. Si en vez de saltar a conclusiones o hacer juicios inmediatos a los comentarios de los otros nos tomamos unos minutos para hacer preguntas que nos permitan entender sus comentarios nos podemos evitar muchos problemas. El hacer buenas preguntas es una característica de las personas que escuchan comprometidamente y una estrategia clave para mejorar nuestra comunicación. Otra estrategia para que nos escuchen como queremos que nos escuchen es pedirle al otro que nos escuche como nosotros queremos. ¿Cómo hacemos eso? Por ejemplo podemos decirle a nuestra pareja: “Te voy a decir algo porque te quiero y me gustaría que me escuches desde un lugar de amor, no como crítica, sino como un mensaje de alguien que te quiere, quiere lo mejor para ti y cree que si haces este cambio podrías ser más efectivo en tus relaciones, trabajo, etc. Mi sugerencia es…”. A esto lo llamamos preparar la escucha del otro y permite que el otro ponga atención en el aspecto que nosotros queremos. Otro ejemplo para un jefe al que le queremos dar retroalimentación: “Me gustaría hacerle un comentario pero lo pido que me escuche como alguien comprometido con nuestra organización, que quiere ofrecer el mejor servicio posible a nuestros clientes, y desde este lugar de compromiso me gustaría pedirle si es posible…”. El poder preparar un preámbulo para que nos escuchen como nosotros queremos puede hacer una diferencia muy grande en el diálogo. Escucha comprometida también significa enfocarnos en el que nos está hablando, dejar de lado nuestras preocupaciones, lo que tenemos que hacer, lo que nos pasó por la mañana, y estar presente. Escucha comprometida significa estar presente al otro, no solo en cuerpo pero también con nuestros pensamientos, poniendo energía en entenderlo y asegurarnos que entendimos lo que intentaba comunicar